Los almanaques eran libros de entre 200 y 500 páginas en blanco y negro, impresas en papel blanco de alto gramaje (75 gramos), en algunos casos satinado, de tamaño A5. El color se incluía en la portada y la contraportada —generalmente en papel azul o salmón de alto gramaje (180 gramos)— y en algunas páginas internas de color rosado de bajo gramaje (14 gramos); a partir de 1918 se observa un aumento sustancial en el uso de tintas de color azul, verde y rojo. La encuadernación era de lomo cuadrado, corcheteado y pegado, lo que permitía conservar la colección año tras año.