Señoritas de concurso en Perú, 1922-1930: El poder económico y el florecimiento de la moda nacional

Variedades, creada en el año 1908, fue una revista ilustrada que se publicó semanalmente en la ciudad de Lima. Respecto a su diseño, la carátula solía ser la única ilustración a color de toda la publicación, caracterizándose por sus matices sombríos y de baja calidad. Esto se debía a la época, ya que las imprentas no contaban con la tecnología y maquinaria moderna que se utiliza hoy en día. En la mayoría de las ediciones, las ilustraciones de las portadas eran dibujos o animaciones; no obstante, solo en ocasiones especiales, estas eran sustituidas por fotografías de mujeres que habían destacado en el ámbito de la belleza. Es importante mencionar que este tipo de portada se usaba principalmente cuando el contenido de la revista incluía al menos una sección dedicada a la moda y/o belleza.
En cuanto al contenido de la revista, la primera página, en la que se encontraban todos los datos, mantuvo el mismo formato y tuvo dos partes. La primera, incluía los datos generales de la revista: en la parte superior se indicaba el año, la fecha y el número de impresión. Justo debajo, aparecía el título y subtítulo con su clásico formato de letra: Variedades – Revista semanal ilustrada junto a su lema inherente: De jueves a jueves. También, se mencionaba a la Casa Editora Manuel Morán, junto con sus miembros más representativos: el director y el administrador judicial, Clemente Palma y José Santiago Pastroni, respectivamente. El primero, no fue nada menos que el hijo del célebre escritor tradicionalista Ricardo Palma, conocido como el bibliotecario mendigo. La segunda parte de la página informativa era una opinión crítica, en formato de ensayo, acerca de la noticia de mayor importancia ocurrida en la semana. El resto de información de la revista era variado, Variedades, como su nombre lo dice, ofrecía diversos temas para atraer a los lectores. Se dividía en secciones que iban desde artículos sociales y grandes entrevistas, hasta cuentos, chistes y publicidad caricaturizada. Todas las secciones contenían fotografías, dibujos y caricaturas en blanco y negro. En este contexto, dentro de la diversidad de noticias e información contenidos en la revista, en este blog, se analizará el impacto social y económico que generaron los concursos de belleza en el Perú entre los años 1922 y 1930.




El primer concurso de belleza surgió en febrero de 1922, cuando se festejó, por primera vez, el carnaval en Lima, ya que los ciudadanos necesitaban un símbolo de belleza que representara la felicidad, el entusiasmo y la algarabía propios de la festividad. El reinado del carnaval, como se denominó al certamen, se desarrolló durante todo el mes de febrero. Las primeras semanas del mes se destinaron a la elección de una reina distrital; cada distrito de Lima tenía la obligación de elegir, mediante votación, a su representante. Luego, cada reina distrital elegida, se convertía automáticamente en candidata al reinado del carnaval. En otras palabras, el reinado del carnaval fue un concurso en el que se elegía a la dama distrital que mejor representara la suntuosidad del evento. Pasada la quincena, la reina del carnaval era elegida mediante el voto popular al que asistían centenares de ciudadanos. La reina, ya elegida, designaba un comité de damas de honor y pajes para apoyarla y acompañarla en los preparativos hacia su presentación central al final del mes. El carnaval culmina con el acontecimiento más importante: la reina se presenta ante el pueblo y se desarrolla el corso popular. Esto no fue más que el desfile que realizaría la Reina por las principales calles de la Lima de 1922 -hoy llamada Centro histórico– exhibiendo y deslumbrando belleza ante los ciudadanos. El corso no solo fue para los anfitriones y representantes del carnaval, sino también para la población; cualquier ciudadano podía participar en el desfile para acompañar a la reina, incluso con sus propios carros alegóricos. Por esta razón y sumada la gran acogida que tuvo la celebración del carnaval, las empresas aprovecharon la oportunidad para publicitar sus marcas en sus propios carros alegóricos. Cabe destacar que la relevancia de la festividad alcanzó tal magnitud que contó con la presencia de importantes figuras de la época como el Presidente de la Republica Augusto Leguía, sus ministros, el cuerpo diplomático y el alcalde de Lima. De esta manera, en Lima surgió una festividad que, con la activa participación de una gran parte de la población, priorizó la imagen femenina como emblema representativo del carnaval, celebrando su belleza y carisma para dar vida a la fiesta. El reinado del carnaval no solo reflejó una tradición, sino también un modelo representativo para la población. El certamen continuó desempeñándose años posteriores hasta el último reporte que emitió Variedades, ya que la revista dejó de circular en mayo de 1932.
El segundo certamen de belleza, y probablemente el de mayor impacto e importancia, fue el de Señorita Perú o Miss Perú. En febrero de 1930, tras la coronación de la reina del carnaval, el Perú recibió una invitación de la Miami National Bathing Beauty Company para participar en un concurso de belleza que otorgaba como premio el título de Miss América Latina. Para este evento, se organizó un certamen nacional con el fin de elegir a la representante que viajaría a Miami en nombre del Perú. Este concurso fue respaldado por las revistas más influyentes del país en ese momento, Variedades y la Crónica. Se presentaron diez candidatas en total, cuatro de ellas representando a Lima y el resto a otras regiones del Perú: Callao, Madre de Dios, Piura, Huánuco, San Martín y Tacna. Para la elección de la representante nacional, los jurados dividieron el certamen en dos etapas: la prueba de belleza y la prueba moral.
La primera, consistió en una velada realizada en el teatro municipal, con ingreso libre y presencia de distinguidos ciudadanos, entre ellos el presidente Leguía, ministros y alcalde. Durante esta ceremonia, las candidatas exhibieron su belleza ante el público y el jurado. La segunda etapa tuvo lugar en las instalaciones del Country Club Lima Hotel, fundado tres años antes. Su propósito fue permitir a los jurados conocer con profundidad a las participantes a través de entrevistas personales: evaluando sus valores morales y el nivel educativo; así pues, podían asegurar que el título de señorita Perú recayera en una joven capaz de representar al país con brillo y dignidad. Cabe destacar que este certamen de belleza captó una gran atención ciudadana; diversas marcas y empresas aprovecharon, nuevamente, la popularidad del evento para promocionar sus productos, especialmente las del sector textil. Por ejemplo: para la prueba moral, que buscaba medir la compostura, la gracia y actitud de las candidatas, la empresa La tricotense, una de las fábricas más importantes de tejidos de punto, obsequió trajes tipo maillot a todas las concursantes, reforzando el carácter formal y simbólico del evento. Finalmente, fue la señorita Emma Mc Bride Miller, representante del Callao, quien obtuvo el título a Señorita Perú en febrero de 1930. Como era tradición en la época, los hipódromos constituían centros de gran relevancia social. En este contexto, el Jockey Club de Lima acordó organizar carreras de gala en el Hipódromo de Santa Beatriz en homenaje a la señorita Mc Bride, con el propósito de rendirle tributo, prestigiar su figura ante la sociedad y contribuir al realce de certámenes de tanta trascendencia social como este.
La ganadora del concurso de belleza nacional fue ampliamente reconocida por la ciudadanía, recibiendo numerosos premios, obsequios y homenajes. Entre las distinciones más destacadas estuvo la invitación a Palacio de Gobierno para reunirse con el Jefe de Estado. Asimismo, se convirtió en la figura principal de los medios de comunicación, protagonizando entrevistas y sesiones fotográficas. Las descripciones de su belleza, como las publicadas por la revista Variedades, reflejan una terminología propia de la época, hoy prácticamente en desuso. A modo de ejemplo: uno de nuestros fotógrafos sorprendió a la cautivante y deliciosa Señorita Perú. Después de todos los homenajes que recibió la señorita Mc Bride, el Perú invitó a las representantes de belleza de Chile y Bolivia antes de su partida al concurso en Miami. Las tres misses fueron presentadas en una elegante recepción en el Country Club, donde también se celebró la culminación de la película Miss Perú, una producción que tenía la finalidad de quedar como testimonio simbólico de este hito nacional. Las tres señoritas hicieron un recorrido por las principales calles de Lima para presentarse ante los ciudadanos. Visitaron sus respectivas embajadas, el palacio de gobierno y viajaron hasta la ciudad de Pisco. Las homenajearon lujosamente en el Hotel Bolívar, donde también recibieron numerosos elogios y obsequios. Finalmente, se despidieron en el Callao donde acudió una gran multitud de personas que no cesaban de prodigar las más intensas ovaciones a las tres bellezas. En Miami, Emma Mc Bride no consiguió ganar el título Miss América Latína, pero dejó en alto la belleza peruana.








Solo unas semanas más tarde, el Perú recibió otra invitación para participar en el gran concurso mundial de belleza organizado por el diario fluminense A Noite, con el objetivo de disputar el título supremo de Miss Universo para septiembre de 1930. El concurso tuvo lugar en Río de Janeiro y se eligió a una nueva representante mediante un proceso de selección que fue idéntico al que se desarrolló meses atrás; los lugares en los que se desarrollaron las pruebas marcaron la única diferencia. Todas las concursantes fueron de Lima y las pruebas de belleza se desarrollaron en la lujosa instalación llamada Palais Concert; la prueba moral, por su parte, se desarrolló en la Escuela de Bellas Artes. Fue la señorita Enriqueta Burgos Ávila quien ganó el título de Miss Perú para este certamen. Visitó muchos lugares predilectos en Lima, con énfasis en la isla San Lorenzo, también le organizaron una carrera de gala como homenaje en el hipódromo de Santa Beatriz, la homenajearon, le dieron numerosos obsequios y hasta le organizaron un partido de fútbol como conmemoración. Pasadas unas semanas, Enriqueta fue invitada a una pasantía de acompañamiento a la Miss Chile en Santiago para luego partir a la competencia en Río de Janeiro. Lamentablemente, la Miss Perú no pudo ganar el título pero logró un importante acontecimiento para el país: participar en el certamen más importante de belleza del mundo. No hubo más concursos internacionales hasta 1932, cuando se desarrolló la siguiente edición del Miss Universo. Pero, esta es una de las limitaciones más relevantes de la revista pues, como se mencionó anteriormente, Variedades, se emitió solo hasta mayo de 1932. Por fuentes secundarias, la Miss Perú de ese año fue Luzmila Ribeyro; tampoco ganó el certamen, pero por su incontrastable belleza fue una de las señoritas elegidas para aparecer en la portada de la marca de cigarrillos Aurelia.
En conclusión, los certámenes de belleza no solo fueron parte importante de la conciencia colectiva peruana del siglo XX, sino también un componente significativo de su economía. Estos eventos se convirtieron en una potente vitrina comercial: empresas peruanas aprovecharon los carros alegóricos para exhibir sus marcas junto a las reinas del carnaval; prestigiosos espacios de la época como el Country Club Lima Hotel, el hotel Bolívar, el Palais Concert, la Escuela de Bellas Artes y el Hipódromo ganaron popularidad al ser sedes del concurso; y la industria textil halló en estos concursos una gran oportunidad para mostrar y auspiciar sus diseños. Además del espectáculo, las actividades realizadas durante los concursos forjaron un movimiento económico vinculado al ideal de belleza: desde los cosméticos y la moda hasta las cirugías estéticas. Las Señoritas no solo eran coronadas por su apariencia, sino que representaban un modelo aspiracional para el resto de mujeres del país, generando tendencias, consumo y oportunidades en el mercado. De esta manera, la belleza no solo se celebró, sino también se convirtió en un motor de desarrollo económico y cultural.

